
Después de una historia o histeria que me aconteció realmente se me ocurrio hace un tiempo escribir este relato, aunque tiene algo de literatura la verdad es que fué así, poco más o menos:
ECOTURISMO CULTURAL
Era una tarde de verano, cuando decidí dar un paseo por los alrededores de Veruela y de paso aprovechar para ensayar con la gaita de boto, así que emulando al viejo Bécquer tome asiento a la sombra de uno de los chopos que rodean la muralla, inmerso en corcheas y semicorcheas note una presencia en mi espalda y cuando giré la cabeza mi instinto no me engaño, una pareja de mediana edad observaba con asombro las vertiginosas melodías que mi instrumento interpretaba. El individuo ataviado con un pantalón tirolés a la vieja usanza y perfectamente combinado con una camiseta blanca con anagramas publicitarios y con unas inscripciones que decían “ IV Calçotada organiza Ayuntamiento de Casteldefels, Caprabo, etc…” (por cierto los calçot forma parte de la base alimenticia de los catalanes, y esta compuesto de cebolla asada y una extraña salsa) y la individua compartía el mismo modelo de camiseta combinada con un pantalón de futbolista, creo que del Barça. Nos miramos durante varios minutos como en las películas de Clin Eastwood a la vez que me contenía de soltar una solemne carcajada, por fin decidí romper el hielo pronunciando un complicado “buenas tardes”…….
El personajillo que no medía escasamente un metro cuarenta y tan escuálido que hasta el propio Don Quijote sentiría vergüenza ajena, contrastaba con su encantadora esposa que abultaba aproximadamente un 400% más que él, sobre todo en diámetro periférico. Ambos inmóviles mostrando una especie de mueca entre el estupor y curiosidad. Momentos después él inclino su oído a la boca de su compañera, la cual le susurro algo parecido a esto:
“Pregúntale psfpsfttpfffft (inaudible)” a la vez que devoraba sin piedad un hermoso bocadillo lleno de butifarra y envuelto en papel de periódico.
Tras un breve segundo él se dirigió a mi con cierta resignación:
Me ha dicho mi mujer que te pregunte ¿que es eso que estas tocando?
Yo evidentemente y tratando de mantener una serenidad aceptable le conteste que se trataba de “la gaita de boto aragonesa”, le explique toda la historia, morfología y algún pormenor más de nuestro autóctono instrumento. Tras una larga ponencia que duró aproximadamente veinte minutos, ella le volvió a susurrar al oído ese sonido inaudible, casi viperino y por supuesto sin soltar su suculenta presa envuelta en papel periódico. Acto seguido él se volvió a dirigirme la palabra, exclamando:
¡mi mujer me ha dicho que no sabia que existe una gaita aragonesa!
Yo le contesté:
Pues dígale a su señora que ya ve
Lo curioso del caso es que el se volvió a esposa para repetirle la respuesta……
Después de un rato sin saber de que hablar, yo les pregunté:
¿Qué tal? ¿así que de vacaciones?
El pintoresco personaje, en un gesto de intelectual, sacó del bolsillo del pantalón tirolés un libro-guía de setas y me comentó que habían venido a hacer ecoturismo cultural y que estaban buscando setas para identificarlas (creo recordar que era entre el mes de Agosto y Septiembre). Momentos después se despidió y siguió su camino a la vez que con un palo de madera rebuscaba en la base de los chopos y mientras su esposa lo observaba con una mirada vigilante terminando de devorar su bocadillo se fueron alejando por el camino de las murallas del Monasterio……
Después de olvidarme de tan singular pareja y repasar todo mi repertorio, decidí que ya iba siendo hora de regresar a casa. Andaba yo por el paseo en dirección a Vera de Moncayo y al fondo divisé un utilitario verde con el maletero levantado y dos personas que correteaban alrededor de él. A mediada que me acercaba quise reconocer con gran sorpresa a mi estimada pareja de eco turistas, él recogía afanosamente del suelo las castañas que caían de un castaño de indias (sus castañas son amargas a rabiar, totalmente incomestibles) mientras que ella, como no, observaba apoyada en su utilitario verde como si de ave rapaz se tratase de que ningún lugareño se acercara a ver su ilícita actividad. Yo evidentemente decidí acercarme como un indio sius para poder disfrutar de una estampa tan bucólica. Cuando notaron mi presencia, hicieron como si no pasara nada aun sabiendo que los había pillado con las manos en la masa. El todo sonrojado me comentó bastante nervioso:
Como están en el suelo ¿no creo que a nadie le moleste que las cojamos?
Yo le conteste:
¡hombre no! no se preocupe, yo conozco al dueño y seguro que no les va a decir nada, ya que ningún año las coge y así se le limpia el suelo.
El hombrecillo cambio enseguida de cara dibujándosele una gran sonrisa y comentándome que a su amada esposa le gustaban mucho las castañas, el siguió con su laboriosa labor como si de una hormiga se tratara. Cuando volví la vista al utilitario verde (que por cierto era matricula de Zaragoza), observe que el maletero estaba repleto de bolsas del Carrefourt llenas de castañas, ella apoyada en el coche y como no, engullendo sin tregua otro hermoso bocadillo cuyo contenido no pude determinar.
Adiós, les dije.
Y ella me contestó (por fin habló):
- ¡Valla bueno, y sigue tocando la GAITA GALLEGA que lo haces muy bien!
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